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Argentina“El espíritu y el alma de Dante, su pensamiento arquitectónico y su corazón ardiente, la tensión de su voluntad, que exigió de él portentos increíbles y lo forzó a lo indecible: tales son las fuerzas que confirieron forma, mágicamente, a ‘diez siglos de silencio’ (Carlyle). Un solo hombre, un hombre único se enfrenta a todo un milenio de historia y lo transforma.
El amor, el orden y la salvación son los núcleos de su visión interna, esferas luminosas que encierran en sí tensiones monumentales salen disparadas para encontrarse, giran unas en torno de las otras y forman constelaciones; Dante tiene que desplegarlas en figuras, en coros, en cadenas de espíritus, en dogmas y augurios; tiene que ligar la plenitud de la visión interna con toda la extensión de la tierra, con todas las profundidades y alturas del mundo superior; tiene que echar mano del sistema de correspondencias más prodigioso. De cada uno de los puntos del vivir, intensificado por el mito y la profecía, salen hilos que llegan hasta cada uno de los puntos de lo materialmente dado y quedan forjados y remachados en sustancia de dureza diamantina”.
(E. R. Curtius: Literatura europea y Edad Media Latina)