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ArgentinaEsta es la historia de un profeta que clama en el desierto. Jean-Baptiste Clamence, que una vez fuera abogado brillante en París, ahora ejerce la profesión de juez-penitente en la selva de los muelles de Amsterdam. ¿Qué es un juez-penitente? En este fascinante monólogo (dicho a un conocido casual en el dudoso bar “Mexico City”, o caminando por las calles alumbradas con neón y surcadas de neblina o visitando el llano paisaje de Zuyderzee).
Clamence lo explica. Desnuda su pasado, hasta que surge la figura de una muchacha abandonada a las aguas del Sena, hasta evocar su propia caída desde la vanidad del éxito mundano. Al hacerlo, presenta al lector un espejo donde muchas contradicciones del hombre mundano se reflejan con acusadora precisión. En este relato surge más límpido que nunca el temperamento fundamentalmente clásico de Camus, al hacerse explícitos los lazos que lo unen con dos grandes tradiciones de las letras francesas: la del relato en primera persona y la de los moralistas del siglo XVIII. La perspectiva de los años lo vincula más firmemente con ellos que con cualquier movimiento contemporáneo.
Disipados los equívocos de las modas literarias, de la boga existencialista del 40, Albert Camus (1913-1960), ha adquirido la estatura de un verdadero clásico de nuestra época. La Editorial Losada, que desde hace muchos años viene publicando en sus diversas colecciones la mayoría de las obras de Camus, ha incorporado La Caída a su Biblioteca Clásica y Contemporánea, donde ya figuran otros textos fundamentales del gran escritor francés.