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ArgentinaDificilmente podría ofrecerse al lector un panorama más completo de la evolución de las artes plásticas en la Europa moderna -entrtejida con la historia de las manifestaciones del hombre en el terreno político, literario, musical y cientifico- como en El Arte Moderno, IV tomo de Historia del arte de Elie Faure , el cual abarca desde el siglo XVII hasta comienzos del XX.
La complejidad del tema abordado- ya que la vida occidental ha ido adquiriendo un ritmo cada vez más acelerado- da al autor ocasión para desplegar sus extraordinarias dotes de sagacidad, intuición y cultura, lo cual unido a su facultad de generalizar, de descubrir analogías y correspondencias, le permite trazarlas grandes líneas directivas que explican, unen y armonizan los diversos movimientos renovadores que singularizaron a este período decisivo de la historia.
Iníciase la época de las grandes conmociones sociales y políticaas cuyo fin es continuar la tentativa de liberación del individuo comenzada en el Renacimiento: la Reforma libera al hombre del dogma religioso y la Revolución Francesa, de la tiranía de una clase privilegiada. Y es la pintura- “el más individual de los lenguajes figurados”- la llamada a interpretar más íntegramente los anhelos del nuevo tipo de humanidad. Pero al mismo tiempo se va operando la escisión entre el público y el artista. Elie Faure analiza los motivos que han originado esta separación – tan característica de nuestros tiempos- y, entre ellos, señala la aparición de un nuevo factor determinante en el proceso histórico: el hombre de ciencia, el cual,al brindar a los pueblos los resultados prácticos de su investigación científica, suplanta al artista en el culto popular.
A Holanda,a Flandes, a España, a Inglarerra y, en mayor medida a Francia, cumple ahora dictar los términos del nuevo lenguaje plástico. A partir del siglo XIX y en los comienzos del XX es en Francia, o más bien en París- , donde se realiza la fusión de las diferentes tendencias pictóricas de Europa y de donde parten las corrientes de renovación, las cuales no pre sentan ya signos específicamente franceses, sino que, vistas en conjunto, revelan el esfuerzo colectivo hacia un idioma de caracteres universales.