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Desde el andamio. Crónica de la errante e invencible hormiga argentina
Disponible en sala
en acceso abierto | Sala Raúl Echegaray
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Desde el andamio. Crónica de la errante e invencible hormiga argentina
AÑO
2005
PAÍS DE ORIGEN
Tandil, Buenos Aires, Argentina
EDITORIAL O ENTIDAD EDITORA
Programa de Apoyo a la Gestión Pública UNICEN
PÁGINAS
38
IDIOMA
Español
INCORPORADO AL CATÁLOGO
12.07.2022
CONSULTAS
52

SINOPSIS:

Parte del Proyecto “Biblioteca de Dramaturgos de Provincias” – Difusión de obras inéditas. Dirigido por la Dra. Julia Lavatelli.

Desde el andamio

Un andamio es una estructura elevada del suelo, en ocasiones colgante, utilizada por operarios de la construcción para poder trabajar en alturas. Pero también puede ser un espacio al que se ha convertido en un pequeño lugar para vivir. Un día, en un andamio, en un edificio cuya construcción se ha abandonado. Un lugar en el que el personaje de esta historia tiene como interlocutores a una estampa de la virgen, a los claveles del aire, a los habitantes de los edificios linderos, a los perros, a los pájaros, en un tiempo para él “detenido”.

En este andamio la cuestión es no aburrirse, no dejarse “joder” por el tiempo; estar más cerca del sol, en paz, lejos de la arrogancia, de la hipocresía y las miserias humanas, de la realidad que sigue siempre igual, de la crisis económica, de la falta de afecto; estar cerca de las cosas ideales, como uno las imagina.

No se trata de ser feliz, sino de ser menos infeliz. La cuestión es no aburrirse, tener algo para esperar, aunque sea algo inventado. “Él” hace tiempo que no ve la luna ni las estrellas. Tiene un sueño repetido. Se sueña con su caretilla de trabajo, cayendo en un pozo sin fin; extraña mucho a su carretilla. Desde su decir y a través de sus ojos percibimos al mundo desde ahí, desde ese lugar solitario en el que se ve a la vida “como un guiso de pobres con poca carne, como un cielo al que le falta una estrella fugaz”. La cuestión es no aburrirse. La cosa es tener algo para esperar. Atardece, y el protagonista se despide estirándose hacia una estrella fugaz, hacia su carretilla que yace en el suelo, allá abajo, junto a él.


Crónica de la errante e invencible hormiga argentina

En un escenario vacío que sólo cuenta con un cartel indicando direcciones opuestas, la “actriz” (que viste como una hormiga viajera o exploradora) se debate sin rumbo en la confusión, en la encrucijada. Cuenta que la esperanza es como se bumerang fallado que no vuelve, pero al que vamos caminando a buscar una y otra vez.

En una bolsa con tierra, la actriz comienza a contarnos el encuentro de dos hormigas argentinas en un frustrado intento por infringir la ley en un país extranjero. Porque las hormigas argentinas avanzan como un gran ejército imperialista hacia la conquista subterránea de los cinco continentes.

La hormiga es, como el argentino, una especie que transita por su vida sobrecargada de peso. Porque la pieza de Alsina es una reflexión sobre el ser argentino.

La obra toca temas tales como la pequeñez frente al tiempo y frente a Dios, la inmigración, la soledad, la nada, el todo, el destierro, la nostalgia, la tristeza frente al no regreso, el exilio como única opción para sobrevivir. El argentino exiliado es como una hormiga con piel de cocodrilo pero alma de poeta.

La bolsa con tierra hace las veces de objeto con el que la actriz nos hace rememorar el pasado, la patria, los ancestros; es un objeto que se convierte en almohada para el descanso, un objeto con gran valor simbólico en la escena.

La actriz vuelve una y otra vez hacia la encrucijada del principio para, a medida que su desesperación aumenta, repetir una secuencia en la que vemos que no sabe hacia dónde dirigirse.

Carlos Alsina alterna en la pieza escenas en las que prima el lenguaje poético (en un fragmento, por ejemplo, les da voz a un Desterrado y a La Patria) con referencias directas a la historia nacional: los fatídicos sucesos de diciembre de 2001, la barbarie en los 70, Malvinas, la democracia, las privatizaciones de los 90, la muerte de muchas hormigas inocentes…


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