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ArgentinaLa Compañía de Jesús nació con una fuerte vocación educadora y con una audaz tendencia misional. La educación era fundamental como estrategia para formar a los jóvenes europeos dentro de un marco religioso que los salvara de la expansión de la Reforma. Así fue que en pocas décadas los colegios jesuitas se extendieron y adquirieron prestigio en Europa, especialmente en las clases altas, que enviaban a sus hijos a los institutos ignacianos por la calidad de su enseñanza y la disciplina que reinaba en esas casas.
También en América esa propensión a la educación se desarrolló no bien los hijos de Loyola se instalaron en el nuevo continente. En nuestro Buenos Aires, ya desde 1622 se instala una escuela que, con el tiempo, va adquiriendo importancia.
Indudablemente el propósito de sus fundadores era convertirla en universidad, como ya habían hecho en Córdoba, después de instalar un Seminario para la formación de sacerdotes. Este esfuerzo terminó con la expulsión de la Compañía, pero con los restos de la institución se formó el Real Colegio de San Carlos, antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires.
El marco de estas iniciativas fue la Manzana de las Luces. El arquitecto Alberto de Paula ha investigado en profundidad la historia del Colegio y el resultado de este trabajo se ofrece en la presente publicación, un auténtico homenaje a los sacerdotes que iluminaron el ambiente de la Buenos Aires colonial.
Félix Luna