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ArgentinaLa iglesia de San Ignacio fue, durante algunas décadas, la más bella y suntuosa de la Buenos Aires colonial. Pasó por varias etapas, desde su primera y modesta erección, hasta 1662, cuando los jesuitas se mudaron desde su primitiva sede frente a la Plaza de Mayo a lo que sería la Manzana de las Luces.
La primera construcción se completó en 1675, once años después se la mejoró y luego se continuó con la construcción según los planes de Juan Kraus, habilidoso arquitecto al que se le deben otras construcciones de la Compañía. El templo se consagró solemnemente en 1734, con su estructura actual y se le impuso el nombre del fundador doce años más tarde. La expulsión de los jesuitas implicó la clausura de San Ignacio un par de años, pero Vértiz la reabrió.
Este fue el recinto donde se instaló la Universidad de Buenos Aires y nadie como Vicente Fidel López ha descripto esa imponente ceremonia dentro del marco suntuoso del templo. En 1955 sufrió el ataque de las turbas, pero felizmente no fueron dañados los puntos fundamentales.
San Ignacio es hoy una de las iglesias más llenas de historia y de recuerdos del viejo Buenos Aires. A una cuadra del Cabildo y de la Plaza de Mayo y a metros del Colegio Nacional Buenos Aires, es un punto de referencia indispensable en la historia religiosa y cultural de nuestra ciudad.
Su historia, arquitectura e imaginería son ampliamente tratadas por la profesora María Inés Soulés y la conservadora de museos Marcela F. Garrido, la arquitecta María de las Nieves Arias Incollá y el profesor Héctor Schenone.
Félix Luna