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ArgentinaPocos son los escritores que logran, como lo ha hecho Julio Cortázar desde sus primeros cuentos, establecer con sus lectores una relación de complicidad y diversión que se parece en algo a la amistad. Son dos las dimensiones que fue desarrollando tanto en su vida como en sus libros: el juego y el compromiso que se necesita el uno al otro si se quiere que la realidad no nos aburra con sus calamidades. Cortázar siempre mantuvo una relación conflictiva con la Argentina, a la que contó como pocos, pero desde la distancia de París, donde aprendió a descubrir su condición de intelectual y de latinoamericano. Una opción que le valió críticas desde derecha e izquierda pero que no detuvieron su fe inquebrantable en la literatura y en que los libros están siempre del lado de la mejor parte de la vida.