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ArgentinaNada más arduo queintentar una interpretación del arte de épocas remótas, cuyo único testimonio histórico lo constituyen las formas plásticas en que el hombre ha dejado impresas las huellas de su paso por la tierra. Nada más arduo, nada más apasionante también. Elie Faure llevó a cabo esta ímproba tarea.
en las paginas de El Arte Antiguo, primer tomo de su Historia del Arte, que abarca desde la prehistoria hasta la decadencia romana, cobran vida no sólo la imagen plástica, en algunos casos casos extraña a la sensivilidad occidental,sino también el artista mismo y con él el bullir de las razas y los pueblos ensu lenta ascensión hacia la realización de su genio, su caída luego, rápida unas veces, imperceptible otras como en el caso de los egipcios, y su suplantación por otros pueblos y otras razas portadores de una energía naciente.
Nadie como Elie Faure ha sabido interpretar tan certera y profundamente el simbolismo hermético del arte nilótico, con la razón de sucoherencia y de su persistencia , y el positivismo expresionista del asirio; desentrañar, tras la aparente serenidad del arte griego, el mundo confuso de sus deseos y ambiciones insatisfechos; el hondo sentido místicos, teñido de fanatismo y crueldad, de los frescos etruscos; el utilitarismo del romano, pueblo asimilador, cuya fuerza expresiva se desgasta en su afán de conquista y dominio. No hay punto que el autor toque y que n0 le ceda un secreto . y si más tarde , él mismo , al trancurrir los años, rectifica y endereza sus propios argumentos , como lo demuestran sus introducciones al arte oriental y al arte griego, logra, por ello mismo, hacer esta historia más rica y fecunda para el espíritu, por cuanto de esta aparente oposición surge más clara la comprensión de esas formas artísticas.
Es un libro conmovedor, cargado de sugerencias y clarificador a la vez. Con él se propone Elie Faure transmitir al mundo de Occidente el mensaje de los pueblos de Oriente, para que, asimilado e incorporado, suscite un nuevo arte que intente un nuevo equilibrio entre el subjetivismo del asiático y el egipcio y el objetivismo europeo.