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EspañaAgilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, caballero de Selimpia Citerior y de Fez, tiene un gravísimo inconveniente: no existe. Bajo la celada de su empenachado casco no hay rostro alguno; ninguna mano empuña su formidable y victoriosa espada. No se trata de un fantasma, no. Sencillamente, Agilulfo no es. Pero quiere ser, a fuerza de voluntad y de fe.
Italo Calvino -uno de los grandes maestros del realismo moderno- escribió entre 1950 y 1960 tres fábulas sin moraleja, entre las cuales El caballero inexistente es tal vez la más irónica, dura y divertida. Completando el cuadro iniciado con El barón rampante y El vizconde demediado, Calvino da cima a un difícil propósito: hacer de la sonrisa un arma crítica de agudo e implacable filo.