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ArgentinaLa importancia de los estudios de Julio Meinvielle, figura relevante del clero argentino, está fundada en la magnífica conjunción de claridad expositiva y profundidad de pensamiento, circunstancias que no siempre suelen correr parejas. Sus precisas ideas se fundan en los principios perennes de Santo Tomás de Aquino y en las reiteradas y concordes enseñanzas de los Sumos Pontífices, como también en las dadas por el reciente Concilio Ecuménico Vaticano II.
Como lo señala su autor, el presente libro no tiene por finalidad renovar su polémica con el ilustre Jacques Maritain, sino reiterar y actualizar la posición por él defendida y que considera tan actual y vigente como cuando la expuso. En su concepto, mientras la tesis de una animación de la civilización moderna, defendida por el filósofo francés primero y compartida después por distinguidos teólogos, ha penetrado en la mentalidad corriente de los católicos, nutriendo la peligrosa línea del progresismo cristiano, el proceso de disolución de esa misma civilización ha continuado hasta amenazarla con su total destrucción. Si el mundo moderno, que, en cierto sentido tiene raíz católica, ha de ser salvado, lo será -de acuerdo con la tesis sustentada por Meinvielle- por la Ciudad Católica, tradicional, por aquella de la que San Pío X decía que no se “está por inventar ni por construir en las nubes, sino que ha existido y existe, es la civilización cristiana, es la ciudad católica”.
La ciudad católica tradicional y sacra del mismo tipo, en cuanto a su esencia, que aquella que conoció el Medioevo, es el único medio -el autor lo afirma decididamente- que nos puede salvar de un mundo que muere por laicista y ateo.