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ArgentinaEscribir para sostener el tiempo, los tiempos. La escritura singular de esta novela nos lleva a preguntarnos a qué necesidad responde, qué movimiento desencadena, cuál es su funcionamiento. Tal vez la respuesta esté en los modos de sostener el tiempo por medio de la escritura, de hacerlo habitable, trans-formarlo -en sentido literal de darle (otra) forma-, modularlo. Escribir se convierte aquí en un obrar con el tiempo, a través del tiempo, a pesar del tiempo. Volver a desconocerlo, despertarlo en su justa medida, escondido en los detalles, las sombras, los reflejos, de nuevo extraño y familiar. De ahí el recurso de la conversación como un momento de espera y atención a lo que el otro, los otros, tengan para decirnos, a los fantasmas, los que ya se han ido, los huecos, lo que nos mira.
Óscar Cornago
En La novela del Fantasma Beatriz Catani rastrea la historia de un cuerpo en las obras que crea. En ese pesquisar la autora se divide, se amplía y se rasga en voces que escriben y se narran. La novela demarca un inicio y atraviesa finales revisando obras (lo hecho) y preparaciones (lo del porvenir que ya está siendo). Las imágenes de un archivo personal son presentadas como huellas incomprensibles, preguntas que insisten en ser multiplicadas. Ella, Yo, El Fantasma, son artefactos narrativos, modos que se adoptan para decir “Acá estoy yo”. Si ante los fantasmas lo íntimo se expande, Catani ensaya una tesis: en el registro de nuestra intimidad se desnuda la época.
Ariel Farace